LA PRESIÓN DE SER HOMBRE


Escribe Aliany Concepcion
Madrid | España
¿En qué momento ser hombre empezó a significar tener que demostrarlo?
Demostrar fuerza, seguridad, resistencia, éxito y también rendimiento sexual.
Vivimos en una época en la que algunos hombres parecen sentirse obligados a estar siempre a la altura. No basta con desear; hay que rendir. No basta con disfrutar; hay que durar. No basta con sentirse seguro; hay que demostrarlo.
Y alrededor de esa presión ha aparecido un mercado que promete soluciones rápidas: estimulantes, potenciadores sexuales, suplementos y productos que aseguran un mayor rendimiento.
El problema es que algunos de estos productos, incluso los que se presentan como “naturales”, contienen sustancias farmacológicas que no aparecen en sus etiquetas. La FDA ha detectado repetidamente sildenafil, tadalafil y otras sustancias no declaradas en productos vendidos para mejorar el rendimiento sexual.
Pero el riesgo no termina en una intoxicación.
Puede comenzar algo más silencioso: la dependencia.
Primero se consume para probar. Después, para sentirse más seguro. Luego, para no fallar. Y, finalmente, puede aparecer la sensación de que sin la sustancia no se puede.
Ese es uno de los caminos por los que puede construirse una conducta adictiva.
No todos los estimulantes sexuales generan adicción, ni todo consumidor desarrollará dependencia. Pero determinadas sustancias sintéticas, como la metanfetamina o algunas catinonas, tienen un elevado potencial adictivo y pueden provocar graves consecuencias cardiovasculares, neurológicas y psiquiátricas.
En España, la preocupación ya no es teórica. En 2026, la Guardia Civil incautó alrededor de 300.000 dosis de α-PVP, conocida como “flakka”, una potente droga sintética cuyo uso también se ha relacionado con contextos sexuales.
Y hay algo que me preocupa especialmente: cuando una persona empieza a asociar el sexo con una sustancia, puede dejar de confiar en su propio cuerpo.
“Con esto rindo mejor”.
“Sin esto no puedo”.
Ahí ya no estamos hablando solamente de sexo.
Estamos hablando de dependencia.
Porque una adicción no siempre comienza buscando una droga. A veces comienza buscando seguridad.
Y quizás deberíamos preguntarnos qué estamos exigiendo a nuestros hombres para que sientan que tienen que recurrir a una sustancia para demostrar que son suficientes.
Ser hombre no debería ser una prueba que haya que aprobar.
Mucho menos una que necesite química para superarse.
La autora es la Dra. Aliany Concepción, especializada en adicciones, columnista y guionista. www.doctoraconcepcion.com
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