Davos 2026: el tablero global se reordena y América Latina vuelve a mirar desde la periferia


Escribe Milton Jimenez
Berna | Suiza
— “La historia la escriben los vencedores, pero la padecen los pueblos.”
Eduardo Galeano
El Foro Económico Mundial de Davos 2026 volvió a confirmar una constante histórica: las grandes decisiones que moldean el orden global se discuten en espacios cerrados, lejos de las realidades cotidianas de los países periféricos. Mientras tanto, América Latina y el Caribe continúan siendo más objeto que sujeto del debate internacional.
Bajo discursos cuidadosamente elaborados sobre estabilidad, transición energética, seguridad global e innovación tecnológica, las principales potencias económicas y militares dejaron claro que el mundo avanza hacia una nueva fase de competencia estratégica. En este escenario, la cooperación se vuelve selectiva y el multilateralismo funciona, en la práctica, como un instrumento condicionado por los intereses de los más fuertes.
El discurso del orden… y la práctica de la imposición
Estados Unidos, la Unión Europea y China dominaron nuevamente la narrativa del foro. Sus líderes coincidieron en la necesidad de “proteger la democracia”, “asegurar las cadenas de suministro” y “contener los riesgos geopolíticos”. Sin embargo, detrás de ese lenguaje técnico se esconde una realidad incómoda: la redefinición de esferas de influencia a escala global.
Para América Latina y el Caribe, este reordenamiento no es una discusión abstracta. Las presiones para alinearse con uno u otro bloque se intensifican, especialmente en áreas estratégicas como:
- Recursos naturales críticos (litio, tierras raras, agua).
- Infraestructura energética y digital.
- Políticas de seguridad y control migratorio.
Davos 2026 dejó entrever que la región sigue siendo vista como un territorio de oportunidades económicas, pero no como un actor político con voz propia en la toma de decisiones globales.
Transición energética: ¿oportunidad o nuevo extractivismo?
Uno de los ejes centrales del foro fue la transición hacia energías limpias. América Latina fue mencionada reiteradamente como una “región clave” para el suministro de minerales esenciales. No obstante, el entusiasmo por la sostenibilidad contrasta con la ausencia de compromisos concretos en materia de transferencia tecnológica, industrialización local y generación de valor agregado.
El riesgo es evidente: que la región vuelva a ocupar su rol histórico de proveedora de materias primas, esta vez bajo el discurso verde, mientras las potencias concentran los beneficios industriales y tecnológicos. Davos habla de futuro, pero reproduce viejas asimetrías.
Seguridad global y soberanía debilitada
Las intervenciones sobre seguridad internacional reflejaron un mundo cada vez más militarizado y desconfiado. El énfasis en la “estabilidad” y la “prevención de amenazas” suele traducirse, en la práctica, en sanciones económicas, condicionamientos políticos e intervenciones indirectas que afectan de forma desproporcionada a los Estados más frágiles.
Para América Latina y el Caribe, esto implica una erosión progresiva de la soberanía, donde las decisiones internas pueden verse condicionadas por intereses externos, ya sea en nombre de la democracia, la lucha contra la corrupción o la seguridad regional.
El silencio latinoamericano en Davos
Quizás lo más revelador del Foro de Davos 2026 fue la limitada incidencia real de las voces latinoamericanas. Aunque hubo presencia institucional y empresarial, la región no logró articular una agenda común ni plantear una posición firme frente a los grandes temas globales.
La fragmentación política, la debilidad institucional y la dependencia económica siguen siendo obstáculos estructurales que reducen la capacidad de negociación de América Latina y el Caribe en escenarios como Davos.
Conclusión: entre la expectación y la subordinación
Davos 2026 no ofreció respuestas nuevas para la región, pero sí dejó una advertencia clara: el mundo avanza hacia un orden más competitivo, menos solidario y más jerárquico. Por lo tanto, América Latina y el Caribe deberan enfrentar el desafío urgente de definir una estrategia propia, fortalecer su integración regional y dejar de reaccionar a agendas impuestas desde fuera.
De lo contrario, el futuro seguirá discutiéndose en los Alpes suizos, mientras sus consecuencias se padecen en el sur global.
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