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Un comercio global atrapado entre la incertidumbre y la resiliencia

Editorial

Ámbito Global

27/08/2025

Berna, Suiza 

— El reciente informe de la OCDE sobre el comportamiento del comercio del G20 en el segundo trimestre de 2025 refleja una realidad ambivalente: mientras el comercio de mercancías muestra señales de estancamiento, los servicios emergen como motor de dinamismo en un contexto marcado por tensiones arancelarias, volatilidad cambiaria y desequilibrios regionales.

En mercancías, el crecimiento fue apenas modesto: las exportaciones repuntaron un 2,6%, pero las importaciones permanecieron prácticamente inmóviles, con un retroceso dramático en Estados Unidos —donde las compras externas cayeron un 18,4% tras el repunte del trimestre anterior— y con retrocesos visibles en economías emergentes como Brasil y Argentina. Este patrón evidencia que la mayor economía del planeta ya no funciona como el motor de arrastre que solía ser.

En contraste, Asia y Europa consolidan un papel protagónico. China y Corea se beneficiaron de la pujanza tecnológica, con un repunte de semiconductores y productos de alta gama. Europa, liderada por Alemania, Francia e Italia, no solo sostuvo el comercio de mercancías, sino que amplió de manera notable el de servicios, especialmente en sectores ligados al turismo, la innovación digital y los servicios empresariales.

El comercio de servicios, de hecho, se erige como el gran ganador del trimestre. Con un crecimiento del 4,7% en exportaciones y un 2,9% en importaciones, este sector confirma que la economía global se desplaza hacia una matriz más intangible, menos dependiente de materias primas y más vinculada a conocimiento, finanzas y movilidad de personas. Alemania, Reino Unido y Japón capitalizaron esta tendencia, mientras América Latina volvió a quedar rezagada, con Brasil registrando caídas en servicios importados.

La lectura de este informe va más allá de la estadística: muestra un mundo en transición, donde la geopolítica, la innovación y la confianza de los consumidores definen quién gana y quién pierde. La volatilidad del dólar y las políticas arancelarias de Washington contrastan con la estabilidad relativa de Europa y el dinamismo tecnológico de Asia.

El desafío para el G20 no es solo mantener cifras positivas, sino reducir las brechas regionales y garantizar que la globalización no se fracture en bloques desconectados. El comercio internacional, motor de desarrollo durante décadas, enfrenta ahora una encrucijada: o se reinventa bajo nuevas reglas de cooperación, o corre el riesgo de fragmentarse en un tablero de incertidumbre.

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