La “gig economy”:¿oportunidad juvenil o una nueva cara de la precariedad en RD?


Escribe Milton Jimenez
Berna | Suiza
— Tecnología, jóvenes e informalidad: el gran dilema dominicano
La irrupción de plataformas digitales —delivery, transporte, teletrabajo, servicios freelance— se ha convertido en uno de los fenómenos laborales más determinantes de los últimos años en República Dominicana. Para miles de jóvenes, especialmente en zonas urbanas, estas plataformas han significado su primer acceso al ingreso propio en un contexto donde el desempleo juvenil se mantiene persistentemente superior al promedio de adultos. Sin embargo, la velocidad con que estas transformaciones avanzan contrasta con la lentitud del Estado para actualizar el marco laboral y de seguridad social.
La pregunta se vuelve inevitable: ¿está el país protegiendo a la nueva generación de trabajadores digitales, o los está dejando naufragar en una nueva versión de la economía informal?
Como advirtió Simón Bolívar, “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”. Y hoy, ignorar la magnitud del cambio tecnológico puede convertirse en una destrucción silenciosa de los derechos laborales conquistados en el último siglo.
Un contexto mundial que golpea directamente a los jóvenes dominicanos
El informe global sobre empleo juvenil muestra que entre 1999 y 2019 la población joven creció, pero su participación laboral cayó: de 568 millones a 497 millones. El fenómeno es claro: más educación, pero también más jóvenes que no estudian ni trabajan. En 2025, una quinta parte de la juventud mundial es “nini”, con las mujeres duplicando la probabilidad de quedar fuera del sistema educativo y del laboral.
La realidad dominicana refleja esta tendencia con particular crudeza: debido a la alta informalidad, empleos de baja calidad y un crecimiento económico que no siempre se traduce en oportunidades reales para la juventud. La precariedad no es un efecto colateral: es un síntoma estructural.
La cara oculta de las plataformas digitales
La creciente dependencia de servicios como delivery y transporte a través de las app ha generado un espejismo: se asume que la tecnología crea empleos “modernos”. Pero la evidencia demuestra otra cosa: muchos de estos trabajos carecen de estabilidad, seguro de salud, pensión, vacaciones, salario mínimo o mecanismos de protección frente a riesgos laborales.
En República Dominicana, miles de jóvenes de plataformas trabajan bajo esquemas ambiguos, entre la supuesta “independencia” y la realidad de una subordinación económica. Esta zona gris los deja fuera de casi todas las protecciones laborales.
Mientras tanto, la automatización avanza y las plataformas amplían su poder. Para los jóvenes, la tecnología no está siendo sinónimo de progreso, sino de incertidumbre.
Educación y competencias digitales: necesarias, pero no suficientes
El informe subraya otro punto crítico: la educación formal ya no garantiza un empleo. Existe un desajuste entre lo que produce el sistema educativo y lo que realmente demanda el mercado. Es preciso que el Estado dominicano asuma su rol y redirija el equilibrio entre la educación y la demanda laboral
En República Dominicana, esta desconexión es evidente. Aun cuando los jóvenes se forman, los empleos disponibles no siempre ofrecen calidad, estabilidad ni futuro. Las plataformas digitales absorben esa fuerza laboral sobrante con rapidez, sustituyendo el empleo decente por tareas fragmentadas, pagadas por demanda y sin protección.
El desafío político: proteger sin frenar la innovación
La tecnología no es el problema; el problema es la ausencia de política pública eficaz.
El país necesita:
- Legislación clara para los trabajadores de plataforma, que garantice seguridad social, cobertura de riesgos y acceso a derechos básicos.
- Más y mejores empleos formales, no solo alternativas informales envueltas en lenguaje tecnológico.
- Servicios públicos de empleo digitales y presenciales que orienten, formen y acompañen a los jóvenes.
- Perspectiva de género, ante la sobrerrepresentación femenina entre quienes quedan fuera del mercado laboral.
- Diálogo social, incorporando a jóvenes, empresas y sindicatos en el diseño del futuro laboral.
- La tecnología puede ser una oportunidad real solo si el Estado asume su rol con decisión.
Conclusión: juventud dominicana entre el futuro y la precariedad
La economía digital avanza más rápido que las leyes, más rápido que la protección social y, en algunos casos, más rápido que la comprensión pública de sus impactos.
Si República Dominicana no adapta su marco laboral para proteger a quienes sostienen la economía de plataformas —los jóvenes—, terminará ampliando la desigualdad y profundizando la informalidad.
La tecnología puede ser motor de crecimiento, pero nunca debe ser excusa para retroceder en derechos.
El país tiene una oportunidad histórica: decidir si la “gig economy” será un puente hacia el desarrollo o un callejón hacia la precariedad permanente.
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