GOBIERNOS DE IZQUIERDA Y DERECHA: RELATOS Y DATOS


Escribe Nelson Del Pozo G
Zürich | Suiza
– Recursos o armas subjetivas empleadas en la fase de guerra cultural que transmiten interpretaciones personales, emociones, creencias y percepciones complejas, las cuales varían según el individuo y el contexto social que lo rodea. Este texto no es neutral. Es un intento de desarmar ese relato con lo que sus creadores suelen omitir: los datos fríos y el contexto histórico que los explica.
¿Quiénes crean más pobres?
“Imagina que no hay países / No es difícil de hacer / Nada por lo que matar o morir / Ni tampoco religión / Imagina a toda la gente / Viviendo una vida en paz.”
— «Imagine«, John Lennon (9.10.1940 – 8.12.1980)
El relato que responde a la pregunta inicial —¿quiénes, en ejercicio de gobierno, someten o sacan a más personas de la pobreza: la izquierda o la derecha?— no surgió de la nada. Se construyó durante un proceso histórico, con raíces profundas y movimientos clave de consolidación. Bajo el mundo bipolar de la Guerra Fría, dividido entre Estados Unidos (capitalismo) y la URSS (comunismo), se instaló el marco ideológico perfecto para afirmar que «la izquierda en el gobierno solo sirve para crear pobreza«.
La propaganda anticomunista, impulsada por Washington y las élites locales en América Latina, asociaba cualquier gobierno progresista con el «peligro rojo», vinculándolo al estatismo, la falta de libertades y la escasez. Los modelos soviético y cubano, con sus economías planificadas y problemas de abastecimiento, se convirtieron en el «ejemplo práctico» que la derecha utilizaba para sustentar su argumento.
En las décadas de 1980 y 1990, el relato se trasladó de lo ideológico a lo económico, convertido en «sentido común» para gran parte de la población. La crisis de la deuda en América Latina, conocida como la «Década Perdida«, sumió a la región en pobreza e inflación masivas. Aunque muchos gobiernos de entonces eran de centro-derecha o populistas, los defensores del neoliberalismo —encarnado en el Consenso de Washington— argumentaron que la culpa era del estatismo y el proteccionismo previos.
La solución única que propusieron fue la apertura económica, las privatizaciones y el recorte del Estado, presentadas como la única vía técnica para salir de la pobreza. Chile, bajo el modelo de Pinochet, se erigió como caso emblemático: se destacaba su crecimiento económico, omitiendo los altísimos costos sociales y la represión.
Con el «giro a la izquierda» en América Latina a principios del siglo XXI —con líderes como Hugo Chávez en Venezuela, Lula en Brasil, Evo Morales en Bolivia, Correa en Ecuador o los Kirchner en Argentina—, el relato se reactivó y adaptó. La oposición política y los grandes medios construyeron una narrativa constante que asociaba a estos gobiernos con el «Socialismo del Siglo XXI», cuyo colapso económico en Venezuela —producto de una compleja mezcla de factores— se utilizó como ejemplo universal de que la izquierda conduce a la ruina.
Se criticaban los programas sociales y el gasto público como «populismo irresponsable», argumentando que generarían inflación y crisis.
Sin embargo, los datos de esta época, en pleno auge de las materias primas, mostraban otra realidad: los gobiernos progresistas sacaron a millones de la pobreza en tiempo récord. En Venezuela, las políticas de inversión social de Hugo Chávez redujeron la pobreza extrema de manera significativa, pasando del 23.4% en 1999 a un 8.5% en 2013, según cifras de la CEPAL.
China y Vietnam redujeron la pobreza extrema a niveles históricos gracias a políticas de industrialización e inclusión social. En América Latina, Brasil bajo Lula sacó a 28 millones de personas de la pobreza, según datos del Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), mientras que Bolivia redujo la pobreza extrema del 38% al 15% durante el gobierno de Morales.
Estos éxitos, sin embargo, fueron descalificados por sus opositores como «prosperidad ficticia» basada en deuda y gasto insostenible.
Mientras tanto, y si bien existen ejemplos de gobiernos de derecha con resultados económicos positivos, varios de ellos en distintas partes del mundo empujaron a millones hacia la pobreza. Durante la administración de Donald Trump en Estados Unidos, la desigualdad se profundizó: un estudio del Centro de Investigaciones Pew, basado en datos oficiales, confirmó que 8 millones de personas cayeron en la pobreza en 2020, agravado por la pandemia y políticas fiscales regresivas.
En El Salvador, Nayib Bukele, a pesar de su popularidad por la seguridad, mantuvo altos niveles de pobreza estructural, que afectan al 30% de la población. En Argentina, las políticas de shock de Javier Milei —como la devaluación masiva y el recorte de subsidios— ya muestran su impacto: según proyecciones del INDEC y la Universidad Católica Argentina, se espera que la pobreza aumente del 40% al 50% en los primeros meses de su gobierno.
La globalización y el refuerzo mediático han sido clave para mantener este relato. Think tanks como el Cato Institute o el Heritage Foundation, junto con medios afines, producen informes que vinculan sistemáticamente a la izquierda con malos resultados económicos.
Las redes sociales amplifican estos mensajes en eslóganes simples: “El socialismo crea pobreza”, “La izquierda gasta lo que no se tiene”. Se omite, sin embargo, que países como Cuba o Venezuela enfrentan bloqueos económicos que limitan su acceso a insumos básicos y distorsionan cualquier análisis objetivo de sus modelos.
Setenta años después de iniciada aquella guerra cultural, la pregunta retórica —¿quiénes crean más pobres?— ya no se responde con relatos. La respuesta, incómoda para algunos, la tienen los datos: son los gobiernos de izquierda (socialistas o socialdemócratas) los que, en las últimas décadas, han sacado a más personas de la pobreza.
El viejo y ya no convincente relato de la derecha ha chocado contra la realidad de los datos, que por lo general salen de fuentes del propio sistema.
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