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El espejismo eléctrico de Abinader frente a los avances concretos de Medina

por | 21/08/2025

Escribe Milton Jimenez

21/08/2025

  Berna | Suiza 

Mientras el PRM presume de cobertura y renovables, el costo fiscal y las pérdidas eléctricas alcanzan récords históricos. Medina, pese a limitaciones, dejó un sistema con menos apagones y subsidios más controlados.

Un sector eléctrico en tensión permanente

A un año del segundo mandato de Luis Abinader, la narrativa oficial intenta convencer al país de que la crisis energética quedó atrás: 98% de la demanda abastecida, cientos de millones invertidos en redes y una expansión acelerada de renovables. Pero tras la propaganda, los números muestran una verdad incómoda: el sistema eléctrico nunca había sido tan caro para el Estado ni tan ineficiente en sus pérdidas.

El contraste con el gobierno de Danilo Medina (2016–2020) es inevitable. Medina entregó un sector con pérdidas cercanas al 30%, subsidios de menos de 0.8% del PIB y la proclamada “República Dominicana con 24 horas de luz”. Aunque esa consigna fue cuestionada por fallas de infraestructura, lo cierto es que los apagones eran menos frecuentes y el costo para el fisco mucho más manejable.

La paradoja Abinader: más inversión, más pérdidas

El gran talón de Aquiles del actual gobierno es la incapacidad de reducir las pérdidas eléctricas. En 2024, el país perdió 42.2% de la energía comprada, la cifra más alta en 15 años. Bajo Medina, en 2019, esa pérdida fue de 27%, lo que representa una diferencia abismal.

Pese a que Abinader ha destinado más de US$400 millones en reforzar redes y transformadores, los resultados siguen siendo pobres: cada 100 GWh comprados, 42 se esfuman entre conexiones ilegales, ineficiencias técnicas y cobros que nunca llegan. La consecuencia directa es que el Estado asume la cuenta, disparando subsidios multimillonarios.

El peso insostenible de los subsidios

En 2024 el gobierno transfirió más de RD$105,000 millones a las distribuidoras, equivalentes al 1.28% del PIB. En comparación, Medina cerró 2020 con un subsidio de apenas 0.75% del PIB.

Abinader se escuda en que la electricidad al consumidor es de las más baratas de la región (≈US$0.11/kWh), pero ese precio es ficticio: se sostiene artificialmente con el dinero de los contribuyentes. En otras palabras, la “estabilidad tarifaria” se financia con deuda y déficit fiscal, lo que hipoteca las finanzas públicas.

Renovables: el único logro indiscutible

Si algo puede reclamar Abinader como avance real es la expansión de energías renovables. En cuatro años el país duplicó la capacidad instalada limpia, pasando de 588 MW en 2020 (≈12%) a casi 1,400 MW en 2024 (≈23%). El portafolio de proyectos, con más de 7,000 MW en desarrollo, confirma un cambio estructural que Medina apenas había iniciado.

Pero incluso este logro tiene su “pero”: mientras el mix se diversifica, las redes obsoletas y las pérdidas sistémicas neutralizan gran parte del beneficio. Un sistema más verde, sí, pero también más costoso y frágil.

El espejismo del 98%

El gobierno insiste en que abastece el 98% de la demanda. Sin embargo, ese indicador oculta los apagones localizados por sobrecargas, averías en plantas clave (como Punta Catalina afectada por el sargazo) y deficiencias en transmisión. En la práctica, muchos barrios siguen padeciendo interrupciones cotidianas.

En contraste, Medina logró sostener por años la narrativa de un país con “luz 24 horas”. Aunque discutible, esa percepción se apoyaba en hechos: menor nivel de pérdidas y un subsidio fiscal menos corrosivo.

En conclusión el balance es claro:

Abinader exhibe más renovables y mayor cobertura, pero a un costo fiscal insostenible y con pérdidas récord.

Medina entregó un sistema menos moderno, pero más estable en términos de subsidio y confiabilidad, ademas, una planta generadora eficaz y rentable » Punta Catalina» propiedad del Estado.

El presidente actual se escuda en la “herencia” de redes deterioradas, pero tras cinco años en el poder esa excusa comienza a agotarse. El país no puede seguir celebrando porcentajes de cobertura mientras gasta miles de millones en un barril sin fondo.

El reto de Abinader no es inaugurar parques solares ni prometer tarifas bajas: es cerrar de una vez por todas la sangría de pérdidas y transparentar el costo real de la electricidad. De lo contrario, su legado quedará marcado como el del “espejismo eléctrico”: luces renovables en el discurso, pero sombras fiscales y apagones en la realidad.

Fuentes: Datos oficiales y análisis recientes (2024–2025) y reportes históricos del sector.

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