CUBA ASEDIADA FLOTA ENTRE BLOQUEO Y ASFIXIA ENERGÉTICA: La anatomía de un genocidio económico silencioso


Escribe Nelson Del Pozo G
Zürich | Suiza
– “Antes de suponer, conoce los hechos. Antes de juzgar, comprende la causa. Antes de herir a alguien, ponte en su lugar.”
Sócrates.
Lo que ocurre hoy en Cuba trasciende la diplomacia; es la aplicación técnica de una doctrina de asfixia que busca el colapso biológico de una sociedad para imponer un rediseño geopolítico.
El castigo colectivo como arma de guerra
Las políticas de la administración Trump no son “sanciones”, sino una forma de guerra híbrida. La Relatoría Especial de la ONU sobre Medidas Coercitivas Unilaterales ha sido enfática: estas acciones violan el derecho al desarrollo y constituyen un castigo colectivo.
Al perseguir los buques petroleros y bloquear el acceso al sistema financiero internacional (SWIFT), Estados Unidos no está “presionando a una élite”; está cortando la cadena de frío de las vacunas, impidiendo la compra de piezas para acueductos y condenando a niños y ancianos al hambre. Es un asedio medieval brutal en la era digital y de la inteligencia artificial.
Datos de la CEPAL indican que el costo acumulado del bloqueo supera con creces cualquier ineficiencia administrativa interna, funcionando como un freno permanente que impide cualquier intento de reforma soberana.
El costo del aislamiento: según los informes presentados ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, los daños acumulados en más de seis décadas superan los 159,000 millones de dólares. Para un país pequeño, esta cifra representa la imposibilidad de modernizar su infraestructura básica, especialmente la red eléctrica y el sistema de agua.
La soberanía bajo ataque: el derecho a existir
El relato que emana de las “estructuras de poder” hacia Cuba es utilizado a menudo para deshumanizar a su población. Mientras los medios corporativos se enfocan en la burocracia, se ignora que Cuba ha desarrollado un modelo de resistencia creativa.
Es la nación que, bajo bloqueo, alfabetizó a su población y produjo sus propias vacunas contra la COVID-19, un hito de soberanía patriótica y biotecnológica que desafió el monopolio comercial de la educación y de las farmacéuticas globales. La empatía aquí no nace de la victimización, sino del reconocimiento de un pueblo castigado precisamente por su obstinación en no ser un satélite sumiso a los intereses del capital deshumanizante.
El ensañamiento de Trump busca castigar el “mal ejemplo”: la idea de que un país pequeño puede priorizar la salud y la educación universales por encima del mercado. Como señalan analistas del CADTM (Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas), el bloqueo es la herramienta para forzar a Cuba a reinsertarse en el modelo neoliberal de deuda y dependencia.
El “impuesto” por riesgo país: debido a la persecución financiera del Departamento del Tesoro de Estados Unidos (OFAC), Cuba debe pagar entre un 10 % y un 20 % por encima del precio de mercado en alimentos y medicinas. Los proveedores internacionales aplican este recargo para cubrirse ante posibles multas millonarias de Washington.
El silencio de los cómplices
A diferencia de la narrativa oficial estadounidense-europea, organismos como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU han documentado cómo la reciente prohibición de entrada de combustible constituye una “sentencia de muerte” para los servicios públicos.
No se trata de un conflicto entre democracia y dictadura, sino entre la hegemonía de una superpotencia y el derecho a la autodeterminación de un pueblo que se niega a rendirse, incluso cuando la luz se apaga.
Dependencia tecnológica bloqueada: organizaciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) han señalado que cerca del 70 % de las patentes de equipos médicos pertenecen a empresas estadounidenses o a sus subsidiarias. Al estar prohibida su venta a Cuba, el sistema de salud debe importar equipos desde mercados lejanos, como China o India, triplicando los costos de flete y logística.
La verdadera tragedia no es solo la falta de pan, sino la arrogancia de un sistema global que permite que un solo país decida, por encima de 165 naciones en la ONU, si 11 millones de seres humanos tienen derecho a prosperar o deben perecer en la penumbra.
Asfixia energética reciente
La actual política de Trump de sancionar a las navieras ha provocado que el costo del transporte de combustible hacia la isla se dispare exponencialmente. Datos de analistas del CADTM sugieren que esta es una estrategia de “default inducido”: asfixiar los ingresos de divisas —turismo, servicios médicos y remesas— para que Cuba no pueda pagar su deuda externa y quede excluida definitivamente del crédito internacional.
Este diseño político-financiero no busca “reformar” la democracia ni la economía cubana, sino desmantelar su capacidad de autogestión, convirtiendo el acceso a bienes básicos en un privilegio condicionado a la rendición política.
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