CEUTA: EL ESPEJO DONDE AMÉRICA LATINA DEBE MIRARSE


Escribe Nelson Del Pozo G
Zürich | Suiza
Lo que ha ocurrido en Ceuta no es una simple muestra de la frontera europea. Es el laboratorio de un modelo de control humano global. América Latina debe abrir los ojos ante este espejo geopolítico. La violencia que ocurre allí se replica hoy en el Río Bravo y en la frontera dominico-haitiana, según documentan organismos como Amnistía Internacional y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
El neocolonialismo ya no conquista tierras con barcos de guerra. Ahora destruye economías del Sur Global mediante tratados comerciales asimétricos. Acuerdos como el CAFTA-DR y el T-MEC, denuncia la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), despojan al campesinado y vacían los campos agrícolas en países del tercer mundo. Esos mismos tratados provocan el éxodo masivo hacia países del primer mundo, tal como recoge el informe de la OIM de 2025 sobre flujos migratorios.
La paradoja es absoluta: los tratados garantizan el libre tránsito de mercancías y capitales, mientras criminalizan el tránsito de las personas que se desplazan persiguiendo la riqueza que les fue extraída. «Es la contradicción perfecta de un sistema global que prioriza el mercado por encima de la supervivencia humana», afirma Saskia Sassen, socióloga de la Universidad de Columbia, en su estudio sobre migración y globalización.
Las potencias occidentales generan las crisis y luego subcontratan la violencia y la violación de los derechos humanos, minimizando la responsabilidad de los Estados dependientes, según el informe de 2026 de la organización Front Line Defenders. Europa paga a Marruecos para cazar migrantes en sus vallas, como documentó el pasado mes de junio la organización Caminando Fronteras. Estados Unidos presiona a México y República Dominicana para que actúen como policías fronterizos, de acuerdo con filtraciones del Departamento de Seguridad Nacional estadounidense publicadas por The Intercept. El destino de los nadadores de Ceuta es idéntico al de los balseros y caminantes monteros. Los tres colectivos comparten estadísticas similares: más de 5.000 muertes en rutas migratorias durante 2025, según la OIM.
El capital humano funciona así como moneda de cambio. En los tres escenarios, los migrantes son despojados de su condición de sujetos de derecho y transformados en fichas de negociación. Marruecos abre la valla por disputas políticas, como ocurrió en mayo de 2021 con la entrada masiva de 8.000 personas; los gobernadores de Texas o Florida envían migrantes en autobuses a ciudades demócratas como armas electorales, estrategia documentada por el New York Times en septiembre de 2025; y las élites políticas caribeñas instrumentalizan el sentimiento antihaitiano para cohesionar votos internos, todo bajo la mirada regulatoria de Washington, tal como denuncia el Observatorio de Migraciones del Caribe.
Detrás de este muro global opera un negocio corporativo multimillonario. Corporaciones armamentísticas como Lockheed Martin, Raytheon e Indra convierten el sufrimiento humano en acciones de bolsa. Drones, sensores térmicos, biometría digital y empresas constructoras con sus muros fronterizos blindan los centros de poder. Según el informe del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) de 2025, el gasto mundial en tecnología de control fronterizo alcanzó los 15.000 millones de dólares, con un crecimiento anual del 8 %. El capitalismo contemporáneo se lucra dos veces con la misma población.
Esta necropolítica fronteriza —concepto acuñado por el filósofo camerunés Achille Mbembe para describir el poder que decide quién vive y quién muere— expande sus ganancias mediante la privatización del control estatal. Empresas carcelarias privadas como GEO Group y CoreCivic mercantilizan los centros de internamiento de los migrantes detenidos mientras intentan cruzar la frontera entre Estados Unidos y México. Exigen cupos llenos para justificar contratos con Washington, según reveló una investigación de la ACLU en 2024. La cacería de seres humanos se transforma en rendimiento financiero puro, visibilizado en los diferentes flujos de dinero que se pagan en la cadena de contratación, los cuales ascienden a más de 5.000 millones de dólares anuales, según datos del Transactional Records Access Clearinghouse (TRAC) de la Universidad de Siracusa.
Ceuta, México y Haití comparten el mismo denominador colonial. Las fronteras actuales no dividen países: clasifican el valor humano, tal como sostiene el académico español José Antonio Sanahuja en su obra La crisis de la globalización. Un pasaporte del primer mundo otorga derechos; nacer en el Sur condena. «Es una división internacional que destruye el derecho a la vida digna», declaró a este medio Felipe González Morales, relator especial de Naciones Unidas para los derechos humanos de los migrantes, en su comparecencia ante la Asamblea General de 2025.
La resistencia frente a esta maquinaria debe ser global y multilateral desde abajo, coinciden organizaciones como la Red Internacional de Migración y Desarrollo y el Foro Social Mundial. Romper el relato oficial de los gobiernos y de los grandes medios es el primer paso, según el comunicado conjunto de la Alianza de Movimientos Sociales de América Latina y Europa, emitido en julio de 2026. El periodismo tiene el deber de denunciar este engranaje macabro, tal como recuerda el Código Deontológico de la Federación Internacional de Periodistas.
Mirar a Ceuta hoy es entender el destino de países divididos por frágiles fronteras y por un desarrollo económico y social muy superior y atractivo para quienes no tienen nada que perder.
El autor es analista geopolítico y observador internacional, radicado en Zúrich, Suiza.
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