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TRES MILLONES SOBREVIVEN FUERA DE RD | LAS DOS CARAS DE LA MONEDA: ¿Por que los dominicanos emigran del «paraíso turístico»?

Escribe Nelson Del Pozo G

17/07/2026

Zürich | Suiza

   Mientras el Ministerio de Turismo celebra récords históricos y proyecta superar los 12 millones de visitantes, un informe del INDEX revela que la diáspora dominicana en el exterior ya supera los tres millones de personas, equivalente al 28 % de la población total del país. Este fenómeno expone una profunda contradicción estructural: un crecimiento económico impulsado por el capital extranjero que coexiste con una persistente crisis de arraigo laboral y desigualdad social.

El espejismo macroeconómico y los salarios de miseria

La narrativa oficial suele utilizar el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) y las divisas del turismo como sinónimos de bienestar general. Sin embargo, una metodología de análisis crítico exige evaluar cómo se distribuye esa riqueza.

El empleo que genera el sector turístico —al igual que gran parte de los demás sectores de la economía— se caracteriza por la precarización laboral, la alta informalidad y los salarios deprimidos. Mientras el costo de la canasta básica familiar continúa en aumento, el sueldo promedio de un trabajador formal apenas cubre las necesidades elementales.

Para millones de familias, la economía interna no ofrece un proyecto de vida sostenible, sino un estado de estancamiento permanente.

Radiografía de la expulsión: ¿por qué huir del «paraíso»?

La decisión de emigrar —muchas veces a través de rutas de alto riesgo o mediante el sacrificio del desarraigo— responde, según el autor, a detonantes estructurales que el Estado no ha logrado resolver y frente a los cuales una parte de la ciudadanía ha ido perdiendo la esperanza y la ilusión de cambio.

Asfixia de la clase media y profesional. El fenómeno de la «fuga de cerebros» continúa intensificándose. Médicos, ingenieros y técnicos cualificados optan por empleos de menor cualificación en el extranjero antes que aceptar la subvaloración laboral en su propia tierra.

Inseguridad y déficit en servicios esenciales. La violencia social y la criminalidad han dejado de ser hechos aislados para convertirse en factores que deterioran la calidad de vida y la tranquilidad de las familias, obligándolas a vivir con miedo o a costear sistemas privados de seguridad. A ello se suma la percepción de una privatización de facto de la salud y la educación, que obliga a numerosos hogares a destinar buena parte de sus ingresos a servicios privados ante las deficiencias de los sistemas públicos.

Precarización rural y centralización. El abandono sistemático de las economías agrícolas locales concentra las inversiones en la capital y en enclaves inmobiliarios, turísticos o extractivos. Esto encarece el suelo, debilita los medios de vida rurales y empuja a la población hacia una doble migración: primero del campo a la ciudad y, posteriormente, de la ciudad al extranjero.

Las remesas: el subsidio y sacrificio humano que sostiene al sistema

Lejos de ser interpretado únicamente como un indicador de éxito, el flujo masivo de remesas constituye, desde esta perspectiva, la evidencia de una economía sostenida en buena medida por el sacrificio de su diáspora.

El sistema económico y político dominicano encuentra en la emigración una doble válvula de escape: por un lado, reduce la presión derivada del desempleo interno; por otro, recibe recursos financieros que sostienen el consumo de miles de hogares y que, según esta interpretación, tienen un impacto superior al de numerosos programas de asistencia social del Estado.

El denominado «paraíso turístico» no se sostiene únicamente con los dólares que dejan los visitantes, sino también con los recursos enviados por quienes se vieron obligados a abandonar el país.

El desafío de recuperar el derecho al arraigo y volver a vivir en el país

El registro sociodemográfico del INDEX no debe interpretarse únicamente como una estadística sobre el crecimiento de la comunidad dominicana en el exterior. Constituye una alerta demográfica que, observada junto a la realidad de los hospitales públicos —donde casi cuatro de cada diez nacidos vivos corresponden a madres extranjeras, en medio de un descenso histórico de la natalidad dominicana—, refleja, según el autor, una profunda crisis de sostenibilidad social, así como desafíos relacionados con la identidad nacional y la soberanía.

Un país que expulsa a casi un tercio de su población mientras enfrenta serias dificultades en su sistema de servicios públicos difícilmente puede considerarse un modelo de éxito. En su momento, esa fue una de las principales críticas dirigidas al régimen venezolano y, más recientemente, al Estado cubano.

El verdadero desarrollo no se mide por la cantidad de habitaciones de hotel construidas, el número de cruceristas recibidos o las proyecciones de ganancias derivadas de la extracción de minerales con impacto sobre ríos y zonas agrícolas. Se mide por la capacidad de garantizar a sus ciudadanos el derecho más elemental: prosperar, formar una familia y vivir con dignidad en su propia tierra.

El autor es analista geopolítico y observador internacional, radicado en Zúrich, Suiza.

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