Una Constitución a la medida de los intereses políticos

Escribe Milton Jimenez
Este 6 de noviembre, al conmemorar el Día de la Constitución en República Dominicana, la efeméride no solo invita a recordar la importancia de nuestro pacto social, sino también a reflexionar sobre la historia de una Constitución que ha sido modificada tantas veces que parece haber perdido su esencia de permanencia. Si bien cualquier Constitución debe adaptarse a los cambios sociales y políticos, en el caso dominicano, pareciera que los cambios se han hecho más en función de las necesidades e intereses de quienes gobiernan que en el de los ciudadanos.
La historia constitucional dominicana es prueba de esta tendencia. Desde la proclamación de la primera Carta Magna en 1844, cada modificación ha venido cargada de contextos políticos específicos, muchas veces vinculados a los intereses de los gobernantes de turno. A continuación, se presenta una cronología de las principales reformas y sus motivos:
Cronología de la historia constitucional dominicana
- 1844 – Primera Constitución: establecida tras la independencia de Haití, con medidas de centralización.
- 1854 – Reforma de Santana: centralización de poder para enfrentar la inestabilidad.
- 1865 – Post-Guerra de la Restauración: reafirma la soberanía tras la salida española.
- 1874 – Reforma de González: ajustes para adaptarse a las demandas de estabilidad.
- 1907 – Centralización bajo Cáceres: refuerza el poder ejecutivo.
- 1924 – Post-ocupación estadounidense: busca restaurar la institucionalidad.
- 1934 – Constitución de Trujillo: se estructura para respaldar una dictadura.
- 1963 – Constitución de Bosch: marca una visión progresista, truncada por un golpe.
- 1966 – Constitución de Balaguer: refuerza un estado conservador, limitando reformas.
- 1994 – Reforma de Balaguer: en respuesta a la crisis electoral, busca transparencia.
- 2002 – Hipólito Mejía: permite la reelección consecutiva.
- 2010 – Reforma de Fernández: introduce derechos fundamentales y el Tribunal Constitucional.
- 2015 – Danilo Medina: restaura la reelección consecutiva y la limita a dos períodos.
- 2024 – Luis Abinader: reforma en torno a la autonomía del Ministerio Público.
La anterior cronología deja en evidencia un patrón: la mayoría de las reformas no se ha realizado en función de una visión a largo plazo o en beneficio de la sociedad en general, sino como una herramienta de poder. Cuando analizamos la historia, vemos cómo los gobernantes han adaptado la Constitución a sus intereses personales o a las necesidades inmediatas de su administración.
Por ejemplo, en 2002, el presidente Hipólito Mejía impulsó una reforma para permitir la reelección consecutiva, una medida que le convenía en ese momento político. En 2015, Danilo Medina repitió la historia y promovió otra modificación que le permitió reelegirse. Ambas reformas se hicieron en tiempos de estabilidad relativa, y ninguna de ellas respondió a una necesidad urgente del pueblo dominicano. Eran, sin duda, más beneficiosas para los presidentes que para la nación.
En otro sentido, reformas como las de 1994 inpulsada por Balaguer o la de 2010 bajo Fernández respondieron a la presión social o a la necesidad de mejorar ciertos aspectos de la gobernanza. Sin embargo, también han dejado dudas sobre si el propósito real era fortalecer las instituciones o simplemente apaciguar las voces críticas y asegurar el control político.
La reciente reforma de 2024, proclamada bajo el gobierno de Luis Abinader, tiene un propósito que a simple vista parece válido: la independencia del Ministerio Público. Sin embargo, diversos sectores, incluidos los principales líderes de la oposición, han cuestionado si este es realmente el momento adecuado para realizarla, en este sentido, debido a las distintas voces criticas, las diversas necesidades y demanda del pueblo dominicano mas apremienates, nos debemos hacer la siguiente pregunta: ¿avance democrático o agenda política?
Las constantes reformas reflejan que la Constitución dominicana, en lugar de ser el documento estable y duradero que oriente a la sociedad, ha sido tratada como un instrumento adaptable al poder de turno. Este ciclo de cambios frecuentes no solo genera inestabilidad jurídica, sino que debilita la confianza de los ciudadanos en el marco constitucional.
Es momento de que la sociedad y sus líderes reflexionen sobre el propósito de la Constitución y si los cambios realmente benefician al país y al conjunto de los ciudadanos o solo a unos pocos. La Carta Magna debería ser una guía de principios sólidos y duraderos, no una herramienta flexible que responde a los caprichos de la coyuntura política. La historia constitucional dominicana nos invita a cuestionarnos: ¿estamos escribiendo una Constitución para la nación, o simplemente una para el gobierno de turno?
Por lo tanto, los lideres políticos y los distintos sectores de la sociedad, en el 180 aniversario de nuestra Carta Magna, debemos reflexionar sobre la necesidad de realizar un pacto social estable y duradero que garantice que las futuras generaciones encuentren en la Constitución una base sólida, no una estructura moldeada por intereses efímeros.
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