Solo el 10% de las personas más pobres acceden a programas de inclusión económica, revela informe del Banco Mundial.

Escribe Ámbito Global
El organismo destaca la efectividad de estas iniciativas y llama a intensificar esfuerzos para combatir la pobreza extrema.
Ciudad de Washington. Solo una de cada diez personas que viven en la pobreza extrema accede a programas de inclusión económica, a pesar de su comprobada efectividad para transformar vidas. Así lo revela el informe The State of Economic Inclusion Report 2024: Pathways to Scale, publicado este 20 de noviembre por el Banco Mundial. Estas iniciativas, diseñadas para ayudar a las personas más vulnerables mediante transferencias monetarias, capacitación y acceso al mercado, alcanzan actualmente a más de 70 millones de personas en 88 países, un número todavía insuficiente frente a los más de 700 millones que viven en condiciones de pobreza extrema.
Iffath Sharif, directora de la Práctica Global de Protección Social y Trabajo del Banco Mundial, destacó que estos programas son altamente rentables cuando se implementan a través de sistemas gubernamentales. “Generan un alto retorno de inversión y beneficios sostenibles para las comunidades más vulnerables”, señaló.
El informe recoge casos exitosos como el de Zambia, donde un programa dirigido a mujeres incrementó en un 19 % el consumo y en un 45 % las ganancias empresariales, recuperando costos en solo 12 meses. En Níger, otra iniciativa duplicó los ingresos comerciales de las mujeres, aumentando al mismo tiempo el consumo en un 15 %.
No obstante, la cobertura sigue siendo un desafío. Según el informe, aunque el 90 % de los programas están dirigidos a mujeres, solo un tercio tiene como objetivo explícito promover su empoderamiento económico. Esto refleja la necesidad de superar barreras estructurales, como las normas sociales restrictivas, el trabajo de cuidado no remunerado y la falta de acceso a recursos productivos.
El Banco Mundial tiene como objetivo ampliar las medidas de protección social para beneficiar a 500 millones de personas en 2030, incluyendo a 250 millones de mujeres. Este ambicioso plan, anunciado durante la reunión del G20 en Brasil, busca priorizar a los sectores más pobres y vulnerables.
Actualmente, el Banco trabaja con 42 países en la implementación de programas integrales de inclusión económica a través de sistemas de protección social. Estas iniciativas no solo alivian la pobreza inmediata, sino que también promueven cambios estructurales que permiten a las comunidades construir resiliencia económica a largo plazo.
Victoria Strokova, gerente de programas de la Alianza para la Inclusión Económica, subrayó que los programas deben ser diseñados con mayor intencionalidad para empoderar económicamente a las mujeres y a los jóvenes. Aunque dos tercios de las iniciativas están dirigidas a jóvenes, el informe sugiere que se necesitan más oportunidades de empleo asalariado, como programas de aprendices y capacitación técnica.
En cuanto a las mujeres, Strokova señaló que los programas deben abordar barreras específicas como el trabajo doméstico no remunerado, las normas culturales y las limitaciones legales. “Superar estos obstáculos permitirá a las mujeres participar plenamente en la economía y maximizar el impacto de las iniciativas”, afirmó.
El informe también destaca la integración de prácticas de resiliencia climática en dos tercios de los programas de inclusión económica. Estas estrategias, como los seguros contra riesgos climáticos y las tecnologías ecológicas de bajo costo, son esenciales para garantizar la sostenibilidad de los avances, especialmente en regiones vulnerables como África subsahariana.
En países como Bangladesh y Kenia, estas iniciativas han demostrado ser efectivas para proteger a las comunidades rurales de los impactos del cambio climático, mientras fomentan su participación en mercados más amplios.
El informe concluye que ampliar el alcance y la efectividad de los programas de inclusión económica requiere fortalecer las alianzas entre gobiernos, organizaciones no gubernamentales y el sector privado. Además, es crucial mejorar los procesos de seguimiento y evaluación para garantizar que las iniciativas sean eficientes y lleguen a quienes más las necesitan.
También se recomienda diseñar políticas más inclusivas que aborden los obstáculos legales y regulatorios que limitan el acceso de las mujeres a recursos financieros y productivos. En un mundo donde la pobreza extrema afecta a millones, los programas de inclusión económica no solo representan una solución inmediata, sino también una inversión estratégica en un futuro más equitativo y sostenible.
El Banco Mundial hace un llamado a intensificar los esfuerzos para escalar estas soluciones, subrayando que la inclusión económica no es solo una meta, sino una inversión estratégica en un futuro más equitativo. Mientras se avanza hacia 2030, el reto será garantizar que estas oportunidades lleguen a quienes más las necesitan, sentando las bases para un mundo más justo y próspero.
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