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República Dominicana 2025: El desencanto tras la reelección de Abinader

Escribe Nelson Del Pozo G

25/05/2025

Zürich | Suiza

— La victoria de Luis Abinader en mayo de 2024, con un 57% de los votos, no trajo consigo el optimismo que muchos esperábamos. Por el contrario, el ambiente político actual huele a promesas incumplidas y a una persistente bruma de desconfianza. El presidente, que llegó al poder en 2020 con un discurso anticorrupción y de transparencia, enfrenta hoy un dilema existencial: ¿cómo sostener la narrativa del «cambio» cuando su gobierno reelecto reproduce prácticas que solía denunciar?

La brecha entre el relato y la realidad

Abinader prometió desmontar el clientelismo estatal, pero en los primeros meses tras su reelección, el país ha presenciado denuncias por nepotismo en instituciones clave. Casos como los nombramientos de familiares en altos cargos del Ministerio de Salud Pública reavivan el escepticismo de una ciudadanía ya escarmentada.

A esto se suma la inercia en procesos judiciales emblemáticos: el expediente de Punta Catalina continúa sin una sentencia firme, y el escándalo Medusa, relacionado con desvíos millonarios en Obras Públicas, se disuelve lentamente en los tribunales, sin imputaciones de alto perfil. A ello se agrega la pasividad de la fiscal del Distrito Nacional ante el trágico caso Jet Set, que involucró muerte, drogas y figuras públicas. Según Gallup RD (junio 2024), un 68% de los dominicanos cree que “la corrupción sigue igual o peor que antes”.

El costo social de la estabilidad

El gobierno insiste en destacar logros macroeconómicos: un crecimiento del PIB del 4.8% en el primer semestre de 2024 y una reducción del desempleo al 5.2%. Pero la realidad cotidiana desmiente la narrativa oficial. La inflación acumulada del 8% en productos básicos —plátano, huevos, pollo— estrangula a las familias que ya destinan cerca del 40% de sus ingresos a alimentarse, según la encuesta ENHOGAR.

El tipo de cambio, anclado artificialmente en 56 pesos por dólar, es percibido por economistas como una tregua transitoria sostenida con deuda externa, no como un síntoma de solidez estructural.

Juventud y diáspora: los que no creen

El desencanto es más agudo entre los jóvenes. Aunque el gobierno ha promovido el programa Mi Primer Empleo, un 62% de los beneficiarios opera en la informalidad y sin cobertura de seguridad social (Ministerio de Trabajo). En paralelo, continúa la fuga de cerebros: entre enero y julio de 2024, más de 8,000 dominicanos cruzaron la frontera mexicana rumbo a Estados Unidos, muchos de ellos con títulos universitarios pero sin oportunidades dignas.

«Antes migrábamos por necesidad; ahora migramos por dignidad», sentenció una ingeniera de 27 años durante un foro organizado por RD en el Exterior.

¿Y ahora qué? Ciudadanía frente al espejo

La reelección de Abinader refleja menos un respaldo entusiasta que un voto resignado al «mal menor». La sociedad civil, de Marcha Verde a colectivos barriales, ha comenzado a comprender que depositar una papeleta no equivale a una transformación estructural. La reciente decisión del Tribunal Constitucional que habilita candidaturas independientes ha sido celebrada como un paso hacia la renovación política, aunque ya enfrenta intentos de neutralización por parte de los partidos tradicionales.

El reto ya no es solo votar, sino construir un nuevo pacto social. Uno en el que el progreso no se mida en metros de asfalto, sino en acceso efectivo a salud, empleos dignos y participación real. Como advirtió Juan Bosch: “Un pueblo no es libre porque tiene independencia, sino porque tiene justicia”.

Hoy las demandas se canalizan en protestas sectoriales: médicos en huelga por falta de insumos, maestros exigiendo salarios justos, comunidades que bloquean carreteras contra la minería ilegal. Mientras el gobierno insiste en hablar de «progreso», la socióloga Rosario Espinal advierte con claridad: «Un país no se mide por sus cifras macroeconómicas, sino por cuántos pueden vivir sin miedo al mañana».

La paciencia se agota

A casi un año de su reelección, la pregunta ya no es si Abinader cumplirá su mandato, sino si los dominicanos seguirán aceptando un modelo donde la estabilidad política se paga con desilusión social. Porque una democracia sin justicia ni esperanza es apenas una fachada. Y los pueblos, cuando se cansan, no siempre avisan: simplemente despiertan.

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