OJOS A VIETNAM PARA ENTENDER VENEZUELAMirando hacia el proceso histórico y modelo de Vietnam


Escribe Nelson Del Pozo G
Zürich | Suiza
– «La unidad no es la ausencia de diferencias, sino la voluntad de marchar juntos a pesar de ellas».
Venezuela transita hoy una encrucijada que evoca el giro existencial del Vietnam de 1986, cuando el Partido Comunista lanzó el Doi Moi. Esta “Renovación” fue una reforma integral que sustituyó la planificación centralizada por un modelo de socialismo de mercado, permitiendo la propiedad privada y la inversión extranjera sin renunciar al control político del Estado. Aquel viraje salvó a Vietnam de una hiperinflación del 700 % y de la hambruna, convirtiéndolo en una potencia exportadora que blindó su soberanía mediante la eficiencia productiva y una integración pragmática al comercio mundial.
Esta transición venezolana asume hoy el desgarrador desafío de negociar con sus propios verdugos —aquellos que bombardearon su suelo, infiltraron su territorio y secuestraron a su presidente— para romper el cerco y garantizar la supervivencia nacional. La piedra angular de este proceso es la implementación de las Zonas Económicas Especiales, concebidas como laboratorios de soberanía productiva regional donde el capital extranjero se subordina al desarrollo nacional.
Estos enclaves actúan como motores de alta frecuencia que permiten captar divisas mientras se protege y fortalece el núcleo social del Estado, evitando que la apertura económica erosione los logros alcanzados.
Los incentivos fiscales vigentes otorgan la seguridad jurídica que el nuevo mapa de inversiones demanda, imitando la audacia vietnamita, donde la ideología se adaptó para permitir que antiguos adversarios se transformaran en socios estratégicos bajo reglas nacionales claras.
Para el defensor de conciencia crítica de la revolución, este paso no es una claudicación ideológica, sino un despliegue táctico inteligente diseñado para hackear el bloqueo y romper el aislamiento financiero. Es el reconocimiento de que la soberanía hoy se blinda con autonomía económica, convirtiendo la resistencia en una potencia soberana y firme.
La alianza agrícola con Vietnam, activa en el corazón de los llanos, simboliza una integración técnica para erradicar definitivamente la herencia de la renta petrolera. Al importar biotecnología y métodos de siembra de frontera, Venezuela replica el milagro productivo que permitió a Hanói alimentar a su pueblo y exportar al mundo tras décadas de asedio.
La autodeterminación real se construye sobre la capacidad de producir lo que la nación consume, garantizando una base de paz social que sea económica y políticamente irreversible para el futuro del país.
No obstante, el éxito de este modelo depende de una institucionalidad blindada que elimine cualquier vestigio de ineficiencia administrativa o corrupción. Vietnam consolidó su ascenso gracias a una planificación férrea de largo plazo y una unidad política inquebrantable que Venezuela debe profundizar con absoluta determinación patriótica.
Este bloque histórico monolítico es el mensaje urgente para quienes, desde las filas del proceso, deben comprender que la cohesión interna, a pesar de las contradicciones, es la única garantía para que la transición económica no comprometa el destino final de la Revolución.
Contemplar el Vietnam de hoy es observar un milagro de tenacidad que ha transformado una nación arrasada y quemada por el napalm imperialista en un referente mundial de bienestar, con apenas un 5 % de pobreza extrema. Desde el inicio del Doi Moi, el país redujo su pobreza de un 70 % a niveles mínimos, mientras su ingreso per cápita y su esperanza de vida escalaron a niveles de potencia regional.
Vietnam demuestra que es posible liderar la tecnología global sin desmantelar la estructura política soberana, elevando la salud y la educación a niveles de excelencia.
Las proyecciones de crecimiento para 2026 validan este rumbo de apertura selectiva y soberana bajo condiciones extremas de presión internacional. Este excedente económico debe reinvertirse con precisión táctica, innovadora y atrevida, en servicios públicos y educación tecnológica de vanguardia para sepultar definitivamente el pasado rentista.
El porvenir de Venezuela se proyecta hoy en el espejo de Vietnam, enseñándonos que la revolución más radical es aquella que logra prosperidad tangible para su pueblo sin entregar jamás el timón político.
El autor es analista geopolítico y observador internacional, radicado en Zúrich, Suiza.
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