LA HIPOCRESÍA POLÍTICA EN REPÚBLICA DOMINICANA: LOS ARQUITECTOS DE LA CRISIS QUE SE VENDEN COMO SALVADORES


Escribe Nelson Del Pozo G
Zürich | Suiza
Un análisis sobre cómo las élites tradicionales dominicanas, responsables del desastre social y económico, hoy intentan capitalizar el malestar popular con un discurso de renovación que su propia corrupción y negligencia hicieron necesario.
El espectáculo del cinismo político
En el panorama dominicano, un fenómeno de cinismo calculado se ha instalado como estrategia central. Los mismos partidos y líderes que avalaron políticas neoliberales, recortes sociales y una gestión pública opaca, hoy recorren el país proclamándose defensores de los más pobres. Esta reconversión oportunista no solo insulta la inteligencia colectiva, sino que amenaza la ya debilitada democracia dominicana.
El ciclo perverso de la política dominicana
La historia reciente del país es un manual de promesas incumplidas y responsabilidades eludidas. El Partido de la Liberación Dominicana (PLD), tras dos décadas en el poder, sostuvo un modelo de crecimiento económico que generó estabilidad macroeconómica, pero profundizó desigualdades estructurales y mantuvo en la pobreza a amplios sectores sociales.
Bajo los gobiernos de Leonel Fernández y Danilo Medina, el prometido “gasto social” nunca se tradujo en políticas integrales, mientras redes de corrupción drenaban las arcas públicas. Hoy, estas mismas figuras intentan reinventarse como oposición “responsable”, criticando problemas que ellos mismos incubaron.
El PLD, que se autodefine como socialdemócrata, implementó políticas que beneficiaron desproporcionadamente a élites económicas, dejando a la mayoría sin servicios básicos de calidad en salud, educación o energía.
Los “salvadores” de origen cuestionable:
El tres veces presidente, Leonel Fernández hoy lidera la Fuerza del Pueblo (FP) presentándose como alternativa de cambio. Pero su historial está marcado por alianzas con el empresariado conservador y por un proceso de liberalización económica que priorizó intereses corporativos sobre derechos sociales. Su salida del PLD en 2019 respondió más a una pugna de poder que a principios éticos.
Danilo Medina, presidente durante ocho años, encabeza un PLD que busca desesperadamente recuperar credibilidad. Aunque impulsó programas sociales como «Supérate», estos fueron insuficientes y usados como instrumentos de clientelismo. Su gobierno agravó la crisis eléctrica, el desempleo juvenil y la precariedad laboral, problemas que ahora denuncia desde la oposición.
El actual presidente, Luís Abinader, llegó al poder prometiendo un cambio radical. Sin embargo, gran parte de las políticas económicas de su administración han sido continuidad de las gestiones previas. Aun con algunas reformas progresistas, su gobierno ha sido criticado por mantener prácticas migratorias discriminatorias y por no enfrentar con decisión la corrupción estructural.
La crisis haitiana: un recurso de oportunismo geopolítico
La grave crisis haitiana ha sido instrumentalizada por todos los sectores políticos como cortina de humo frente a los problemas internos. La reciente reunión de Abinader con los expresidentes Hipólito Mejía, Leonel Fernández y Danilo Medina para “defender la frontera” no puede ocultar que ninguno de ellos desarrolló en sus gobiernos una política migratoria integral y humana. Por el contrario, se consolidó un enfoque militarista y discriminatorio cuyas consecuencias hoy son más crueles.
El divorcio entre élites y ciudadanía
Los partidos tradicionales han perdido legitimidad y conexión con la gente. Como señala Participación Ciudadana, la sociedad dominicana enfrenta una “alarmante crisis de confianza en los partidos políticos”. La ciudadanía percibe que estas estructuras solo aparecen en campaña, comprando lealtades con 500 pesos o dádivas que no resuelven nada.
El desencanto ya se refleja en altos niveles de abstención electoral. Si nada cambia, las elecciones de 2028 podrían marcar un récord histórico de ausentismo.
Conclusión: La urgencia de una alternativa real
La salida a esta crisis de representación no vendrá de los mismos actores que la provocaron. La regeneración democrática exige nuevas voces y la participación de movimientos auténticamente comprometidos con el interés colectivo, no con élites económicas y políticas que solo buscan perpetuarse.
Frente al discurso oportunista de quienes hoy posan como salvadores, la ciudadanía debe recordar quiénes fueron los arquitectos de la crisis social y económica que padece el país. La verdadera transformación llegará cuando los dominicanos decidan romper con este ciclo perverso de corrupción y disfraces políticos.
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