HIPOCRESÍA GLOBAL DESDE LA NEUTRALIDAD SUIZA


Escribe Iscander Santana
Zürich | Suiza
— Desde Zúrich, ciudad símbolo de la histórica neutralidad helvética, observo con creciente inquietud la doble moral que define el actual orden internacional. La Confederación Suiza, forjada al amparo de los Tratados de Westfalia de 1648, ha representado por siglos el equilibrio diplomático. Sin embargo, las tensiones geopolíticas contemporáneas dejan al descubierto las contradicciones de un sistema que aplica el derecho internacional de manera selectiva, siempre según los intereses de las potencias dominantes.
El contraste es evidente: mientras la invasión rusa de Ucrania en 2022 provocó sanciones sin precedentes —incluida la congelación de miles de millones en activos rusos por parte de Suiza—, otras violaciones similares al derecho internacional, cometidas por actores occidentales o sus aliados, apenas han generado reacciones. En muchos casos, sólo se ha escuchado un silencio cómplice o explicaciones que rozan lo cínico.
Esta disparidad —que evoca la tibia respuesta internacional frente a la invasión de Irak en 2003— pone en entredicho la supuesta universalidad de la Carta de las Naciones Unidas. ¿Por qué ciertas agresiones merecen una condena global y otras son toleradas, minimizadas o incluso justificadas?
Los medios de comunicación occidentales son cómplices en este sesgo, al calificar algunas guerras como «imperialistas», mientras etiquetan otras como «intervenciones necesarias». La Bahnhofstrasse de Zúrich, arteria financiera que históricamente ha procesado capitales de origen dudoso, sirve de metáfora viva para esta selectividad: los activos de algunos actores son intocables, mientras que otros son congelados sin demora.
Suiza, que rompió con siglos de neutralidad al unirse a las sanciones contra Rusia, se encuentra hoy atrapada entre principios éticos y presiones pragmáticas. ¿Es posible mantener la coherencia moral cuando los intereses financieros y geoestratégicos dictan el comportamiento?
Esta doble moral erosiona gravemente la legitimidad del orden global. Países del Sur Global —como Brasil, Sudáfrica o India— expresan un rechazo cada vez más claro a un sistema internacional que predica imparcialidad, pero practica favoritismo. La normalización de esta hipocresía amenaza con fracturar las bases del derecho internacional, reduciéndolo a un instrumento de poder en manos de unos pocos.
Desde el corazón financiero de Europa, el desafío es ineludible: necesitamos un orden internacional donde el derecho no dependa de las banderas. Mientras ese momento no llegue, Zúrich seguirá siendo el espejo de las contradicciones globales, donde la justicia se mide por alianzas, no por principios.
Iscander Santana.
Analista independiente radicado en Zúrich, Suiza.
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