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GOBIERNO CONVOCA AL LIDERAZGO POLÍTICO Y SOCIAL

Escribe Nelson Del Pozo G

11/04/2026

Zürich | Suiza

La encerrona del consejo: Líderes de salón ante el lodazal de nuestra realidad.

El liderazgo político dominicano actual —que se comporta mayormente como un conjunto de adversarios en competencia por el presupuesto y la nómina pública, y que solo cumple formalmente su rol de oposición cuando el calendario legislativo o las crisis nacionales así lo exigen para mantener relevancia mediática— ha sido convocado por el presidente de la República, Luis Abinader, a un diálogo y consenso ante la crisis generada por el contexto internacional y las tensiones en países como Venezuela, Irán y Cuba. Esta convocatoria forma parte de una estrategia oficial orientada a construir un “gran acuerdo nacional” frente a la crisis global y sus efectos económicos.

En este ajedrez político, la forma suele devorar al fondo. Esta convocatoria no es un acto de genuina diplomacia soberana, sino una magistral maniobra de neutralización política. Es la “encerrona” perfecta: usar la geopolítica de diseño para domesticar a una oposición que, de por sí, carece de brújula ideológica y compromiso social.

Mientras los medios tradicionales celebran con entusiasmo la “madurez democrática” de ver a todos los líderes sonriendo para la foto oficial en el Palacio Nacional, la realidad nacional exhibe un panorama mucho más desolador. Esa imagen de armonía impostada choca de frente con la realidad de nuestras calles, inundadas y enlodadas por lluvias que, con puntualidad trágica, sacan a flote la podredumbre de un sistema que ya no puede ocultar sus miserias.

Esa foto es la prueba de una profunda debilidad institucional. Tenemos un Estado que es quirúrgico para el protocolo y el “clic” mediático, pero inútil ante el fango que traga la esperanza de los barrios. La tragedia radica en que no contamos con una oposición real, sino con un elenco de adversarios que, por pura conveniencia, se ponen la chaqueta de opositores solo cuando sus cuotas de poder están en riesgo.

Al ser convocados al Palacio, estos liderazgos acuden con la docilidad de quien espera una migaja de vigencia, legitimando una política exterior que se traduce del inglés mientras se ignora el clamor del dominicano más humilde. Una verdadera oposición debería sostener una postura valiente sobre el intervencionismo extranjero y, sobre todo, una defensa inquebrantable del pueblo menos pudiente. Sin embargo, prefieren el “consenso” que sirve de ruido blanco para ensordecer el debate sobre el costo de la vida y la desigualdad.

Si la política dominicana no se refunda desde la empatía con el que sufre y la soberanía frente al poder global, seguiremos asistiendo a este teatro de sombras. Una clase política que no se ensucia los zapatos con el pueblo, pero que corre a lustrarlos para el salón presidencial, no es alternativa; es el cómplice necesario de una decadencia administrada.

Ya no basta con mirar hacia otro lado ni arroparse con la indiferencia y la neutralidad. Es hora de quitarnos la chaqueta de la conveniencia y sacudirnos, de una vez por todas, el lodazal de nuestra inmerecida realidad.

El autor es analista geopolítico y observador internacional, radicado en Zúrich, Suiza.

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