FRONTERAS CONCRETAS Y SUBJETIVAS LEGALES…


Escribe Nelson Del Pozo G
Zürich | Suiza
– El cinismo de un sistema que persigue personas y escolta mercancías letales
El teatro de la seguridad: muros contra el desvalido
El sistema global no sufre una crisis de seguridad; sufre una pandemia de cinismo. La reciente caída del líder del CJNG ha desnudado el engranaje más perverso del poder: la frontera es un ente esquizofrénico. Mientras se erigen muros contra el desvalido que huye de la miseria, el capital ilícito disfruta de una fluidez asombrosa. Para el migrante, la frontera es una muralla de concreto; para el crimen, es un umbral invisible.
El hierro del Norte: el río de armas hacia el Sur
La hipocresía de Washington es matemática. Se estima que el tráfico ilícito inyecta unos 250 millones de dólares anuales a la industria armamentista de Estados Unidos, mediante el envío de hasta 500,000 armas cada año.
Este arsenal es el que permite que cárteles y bandas en Haití mantengan su control territorial. La frontera se convierte en un umbral poroso que se abre ante el sistema de comercio. Es el negocio perfecto: el Norte pone las armas, el Sur pone los muertos y la frontera solo se cierra para detener a las víctimas de ese mismo conflicto.
Zúrich: el santuario del dinero manchado
Desde Zúrich, la contradicción es total. Mientras Europa desmantela el espíritu de Schengen con controles biométricos, el sistema financiero global continúa siendo el gran facilitador. El narcotráfico genera ganancias estimadas en 25,000 millones de dólares anuales que buscan refugio en cuentas internacionales.
Aquí, la frontera subjetiva se vuelve seda. El dinero no necesita visas; se lava en las pulcras plazas financieras mientras los gobiernos europeos fingen proteger sus límites de los “indeseables”. El sistema no persigue el dinero del narcotráfico con la misma saña con la que persigue a un migrante sin papeles.
Conclusión: la cartografía de la desigualdad
Las fronteras no están diseñadas para detener el crimen, sino para gestionar la pobreza. El sistema funciona con una precisión cruel: si no tienes capital, la frontera es de concreto; si traficas con la muerte o mueves millones, es un espacio poroso que se abre ante el sistema de comercio. El orden mundial no está roto; es, en esencia, el gran filtro de la hipocresía global.
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