Compartir en

EQUIVOCADOS VUELVEN POR DONDE DEBIERON EMPEZAR

Escribe Nelson Del Pozo G

27/03/2026

Zürich | Suiza

– Tras veinticinco días de un intercambio de fuego que ha hecho crujir los mercados y las conciencias, la soberbia de los estrategas de guerra ha tenido que ceder ante la realidad. Donald Trump y el liderazgo de Irán han intercambiado el lanzamiento de sus primeros veinte disparos diplomáticos, confirmando que la pólvora no pudo sustituir a la palabra. Este regreso forzado a la mesa de negociación no nace de una súbita voluntad de paz, sino del agotamiento de un modelo de dominio que ha chocado contra la pared de la interdependencia global.

El pliego de quince puntos enviado por el comandante en jefe estadounidense es, en esencia, un diseño de rendición incondicional disfrazado de diplomacia. Bajo la exigencia de desmantelar programas nucleares y de misiles, la coalición Trump-israelí busca la castración tecnológica de un rival que se niega a ser subordinado. Sin embargo, el punto noveno —la liberación de prisioneros— actúa como un “momento de la verdad”: es la admisión tácita de que el poderío del Pentágono es limitado y de que, a pesar de los bombardeos, el Estado persa conserva piezas de ajedrez fundamentales que las bombas no han podido mover.

Este escenario de “diálogo forzado” con el mando supremo de Irán contrasta dolorosamente con la inacción sistémica en otras latitudes, revelando la hipocresía del orden global. Mientras aquí se apela a la palabra, el poder occidental ha permitido un genocidio televisado en Gaza, una barbarie institucionalizada en Haití y un asedio de secuestro político en Venezuela. La diferencia es cruda: con la nación cubana, el bloqueo asfixiante busca desesperar a toda una población sin que el sistema mueva un dedo para mediar, porque allí —como en el desangre provocado en el frente ucraniano— los mecanismos de presión no amenazan directamente los nodos del capital global. El liderazgo de Irán, en cambio, obliga a la negociación porque tiene el dedo sobre el interruptor de la energía mundial.

La teocracia persa ha respondido con una contraofensiva de cinco puntos que el relato de la OTAN intenta tachar de irrazonable, pero que constituye una exigencia de resarcimiento soberano. Al reclamar reparaciones de guerra y el levantamiento de sanciones, el liderazgo de Irán invierte la lógica del agresor. No se presentan como culpables esperando sentencia, sino como una nación que exige el pago de la factura por el caos, elevando una apuesta de justicia económica que el sistema ignora en las calles de la nación haitiana o en la soberanía bloqueada de la isla.

La mediación actual, facilitada por el Estado pakistaní bajo la sombra de las potencias euroasiáticas, revela que el conflicto ya no es un asunto bilateral entre mandatarios. El mundo ha intervenido porque el costo de esta guerra —reflejado en el precio del crudo y la parálisis de las rutas marítimas— es un impuesto que las élites financieras ya no están dispuestas a pagar. La diplomacia hoy es el salvavidas de un orden financiero que se desangra cada vez que la presunción de superioridad de la civilización occidental y la identidad histórica del Medio Oriente miden sus fuerzas en el terreno, a diferencia de los conflictos de “baja intensidad”, donde la agonía de los pueblos no afecta la bolsa de valores.

Es un cinismo que los centros de poder mediático presenten como una “generosa oferta” únicamente las promesas de la coalición Trump-israelí, ignorando que la verdadera llave de la paz reside en el resarcimiento. Lo que vemos es el choque entre una hegemonía que pretende imponerse bajo el disfraz de la magnanimidad y una resistencia que exige condiciones mínimas de supervivencia. La exigencia de que las fuerzas intervencionistas abandonen la región es el disparo final del liderazgo de Irán, un recordatorio de que la estabilidad no vendrá de tratados firmados bajo coacción, sino del fin de las injerencias que alimentan la hoguera desde hace décadas.

Vuelven por donde empezaron, reconociendo que en el siglo XXI la fuerza bruta de los símbolos de poder tiene un techo de cristal que se rompe cuando el bolsillo del mundo sufre. La diplomacia actual no es nobleza; es la gestión del fracaso de quienes creyeron que el hierro podía silenciar la historia. El 25 de marzo de 2026 será el día en que la prepotencia del imperio de las sanciones tuvo que negociar con la realidad, no por humanidad, sino porque esta vez el agredido tenía los medios para hacer que el agresor también sintiera el vértigo del abismo.

El autor es analista geopolítico y observador internacional, radicado en Zúrich, Suiza.

Articulos relacionados

Artículos relacionados

Siguenos en...

Suscribete

Suscribete

¡Mantente Conectado con ÁMBITO GLOBAL!

No te pierdas ninguna actualización importante. Suscríbete a nuestro boletín y sé el primero en recibir las últimas noticias, análisis profundos y opiniones sobre los temas que más importan a la diáspora dominicana.

¡Únete a nuestra comunidad informada!

No esperes más, suscríbete hoy y mantente al tanto de too lo que ocurre en tu comunidad, estés donde estés.

Publicidad...