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LUÍS ABINADER EL CAMBIO EN NEUTRO

Escribe Nelson Del Pozo G

12/07/2025

Zürich | Suiza

El gobierno de Abinader: otra línea de la transición que no acaba, dejando tiradas las promesas progresistas

Cuando Luis Abinader asumió por primera vez la presidencia de la República Dominicana, lo hizo bajo la bandera del «cambio». Una palabra que resonó en las calles, en los debates, en las esperanzas de una ciudadanía harta de la corrupción, el clientelismo y las políticas neoliberales que beneficiaban a unos pocos. Hoy, a casi seis años de su llegada al poder y en pleno segundo mandato, ese cambio no solo se ha estancado, sino que ha sido puesto en neutro, mientras el país desciende sin frenos por la pendiente del retroceso.

Un gobierno sin rumbo

La administración de Abinader y el Partido Revolucionario Moderno (PRM) se ha caracterizado por una ejecutoria errática, alejada de las demandas sociales que lo llevaron al poder. Las promesas de transparencia, justicia fiscal y combate a la corrupción han quedado en el olvido, reemplazadas por una gestión burocrática y desconectada de las urgencias populares.

El fracaso de la reforma fiscal, mal diseñada y peor explicada, dejó al gobierno sin margen de maniobra, evidenciando una falta de estrategia clara. A esto se suma la decisión temprana de Abinader de no buscar la reelección, lo que ha convertido su mandato en un gobierno lánguido, sin fuerza para impulsar transformaciones profundas y con una oposición cada vez menos intimidada y más desvergonzada de su pasado cuestionable y corrupto, al sentirse en un ambiente de igualdad con el PRM que gobierna.

El regreso de los fantasmas

Lo más grave, sin embargo, no es solo el resurgimiento de la corrupción en la administración pública, sino que un alto número de quienes desempeñan los cargos —electos o nombrados— han resultado vinculados al narcotráfico y a otras prácticas poco honoríficas. Los escándalos que salpican a funcionarios, diputados, senadores y alcaldes del PRM son un recordatorio de que, lejos de romper con el pasado, este gobierno ha normalizado las prácticas que decía combatir. La percepción ciudadana es clara: ya se dio cuenta de que el «cambio» fue una de tantas consignas utilizadas por los gobernantes de ahora, quienes también sienten pánico al recordar el más determinado eslogan de campaña: ¡Se van!… de Es pa’ fuera que van.

Mientras tanto, la sociedad dominicana, aunque desmovilizada, no ha dejado de cambiar. La gente ya no tolera promesas vacías. La memoria del fraude político sigue viva, y aunque algunos intenten revivir los viejos esquemas del PLD o de otras fuerzas desprestigiadas, la ciudadanía no está dispuesta a caer en los mismos errores.

¿Qué viene después?

El PRM y Abinader tienen poco margen para rectificar. Su legado peligra en convertirse en otro capítulo de oportunidades perdidas. Pero el verdadero desafío está en la construcción de una alternativa verdaderamente progresista, alejada de los vicios del pasado, que recupere la lucha contra la desigualdad y la impunidad.

El pueblo dominicano subió a Abinader al poder, y también puede bajarlo. La pregunta es: ¿habrá una fuerza política con la voluntad de retomar el camino del cambio real, o seguiremos atrapados en el eterno neutro de la decepción?

El presente complejo también abre la posibilidad a otras iniciativas políticas. ¡Vamos por ella!

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