Cuando la salud del médico importa


Escribe Aliany Concepcion
Madrid | España
– Después de más de veinte años ejerciendo la medicina en España, específicamente en el ámbito de la salud mental y las adicciones, y habiendo vivido la COVID-19 tanto como profesional sanitaria, como paciente y cuidadora de familiares afectados, observo que aquella pandemia parece haber quedado en el olvido. Quizás sea un mecanismo de protección o consecuencia de las prisas del día a día, que muchas veces no dejan de ser problemas existenciales.
Hace unos años descubrí que, desde 1998, existe en España una iniciativa cuyo objetivo es atender a médicos que sufren problemas de salud mental o adicciones. Se trata de un programa que trabaja bajo la más estricta confidencialidad, incluso, para mi gusto, de una manera casi clandestina. Y lo entiendo perfectamente, porque el estigma que todavía existe alrededor de la salud mental es enorme, y doblemente mayor cuando quien la padece es un médico.
Este programa, denominado Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (PAIME), ofrece al médico un primer contacto telefónico rápido y especializado, además de un acompañamiento estrecho para garantizar su seguridad, la de su entorno, su capacidad para ejercer la profesión y su posterior reintegración.
El programa es gestionado por distintos colegios profesionales, como el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid, entre otros, garantizando que cualquier médico en territorio español que necesite esta intervención pueda tenerla a su alcance.
En los tiempos que vivimos, en medio de una evidente crisis de salud mental, la atención que ofrece este programa ya no se limita únicamente al personal médico, sino que se ha extendido a otros profesionales sanitarios, como enfermeros, farmacéuticos y veterinarios.
Según los últimos datos del programa:
“En España se ha atendido a más de 8.000 médicos con trastornos mentales o adicciones desde su creación en 1998 hasta 2023”.
“En el periodo 2021-2022 se atendieron 1.711 nuevos casos, lo que representa un aumento superior al 40 % respecto a los dos años anteriores”.
“Actualmente, el programa atiende a más de 850 médicos al año”.
En una conferencia sobre este programa, celebrada durante el Congreso de Patología Dual 2026, me quedé especialmente con un dato: cerca del 90 % de los médicos atendidos han logrado recuperarse y reincorporarse a su actividad profesional.
Es un dato alarmantemente excelente; un éxito. No tengo ninguna duda de que el programa realiza un trabajo integral y adecuado. Quienes trabajamos en adicciones sabemos que ya nos gustaría contar con ese porcentaje de pacientes que logran abandonar una adicción, mejorar y recuperar sus vidas. Sin embargo, la realidad suele ser distinta.
Entiendo que aquí influye mucho lo que significa ser médico. Nos pasamos la vida estudiando; no es solo una profesión, es un estilo de vida, una identidad. Y cuando los cimientos de ese constructo se tambalean, es fácil perderse. Solo queda una opción: reconocer el problema y pedir ayuda. Si no fuese así, ese 90 % simplemente no existiría.
De lo contrario, ocurriría lo que muchas veces sucede cuando un profesional sanitario se derrumba: se oculta, pierde su identidad y puede acabar formando parte de ese otro porcentaje alarmante, el del elevado índice de suicidio entre nosotros, los médicos.
En las jornadas “Abordaje integral de la conducta suicida”, celebradas con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio el 10 de septiembre de 2023, participaron distintos agentes implicados en la prevención de esta lacra, que se saldó con 4.097 muertes en España durante 2022, un 2,3 % más que el año anterior.
Ser médico es una profesión, pero nunca debería impedirnos pedir ayuda cuando detectamos un problema. Sin embargo, entre la competitividad, la presión y el estrés con los que convivimos, muchas veces resulta complicado, e incluso impensable.
La salud está por encima de cualquier profesión que un día elegimos en la universidad. Una profesión que marca nuestro día a día e incluso condiciona, muchas veces, nuestra manera de pedir ayuda.
Existe una frase muy utilizada en mi querida República Dominicana, pronunciada desde el respeto y la admiración, pero que inconscientemente puede resultar mortal para nuestra salud mental:
“Después de Dios, está el médico”.
Quizá sería más saludable decir:
“Después de Dios estamos todos; detrás de un médico hay una persona con sus miedos, sus demonios y sus logros”.
No podemos con todo. Hacemos lo que podemos, como cualquier ciudadano, independientemente de su profesión. Sobre todo, debemos ser empáticos con nosotros mismos. Si el médico está mal, los pacientes también lo sufrirán.
La autora es la Dra. Aliany Concepción, especializada en adicciones, columnista y guionista. www.doctoraconcepcion.com
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