CONFESIONES DE UN PACIENTE


Escribe Aliany Concepcion
Madrid | España
– En estas fechas navideñas, caracterizadas por múltiples estímulos externos como recuentos, regalos, compras, etc., la emoción y la presión social pueden resultar abrumadoras.
La semana pasada tuve en consulta a un paciente muy angustiado por la cercanía de las “fechas rojas”, como él mismo llama a las fiestas navideñas que culminan con el Día de Reyes.
Paciente:
—“Tengo tanta angustia por estas fechas que cada día tengo más craving (deseo de consumir) para calmarme. A pesar de que la medicación se aumentó la semana pasada, esto ya no es un tema farmacológico. Veo a todo el mundo celebrando y yo también quiero hacerlo”.
Le respondí que podía celebrar sin consumir, pero él replicó:
—“Yo lucho todos los días por no consumir alcohol, pero es muy complicado en estas fechas. Incluso en casa de mi abuela, con el roscón de Reyes, brindan con alcohol. Salgo a dar una vuelta y veo los bares llenos, la gente celebrando… Yo no quiero consumir alcohol ni cocaína, llevo dos años abstinente. Pero, en el fondo, quiero volver a sentir ese placer. Cuando la costumbre social es beber, sé que si me tomo una copa abriré la puerta a la cocaína y terminaré en un burdel. Pero tengo tanto deseo de sentir ese placer que ya hasta lo estoy planificando”.
Le dije:
—“¿Sabes que la planificación mental también forma parte del ritual de consumo?”
Paciente:
—“Sí, lo sé”.
—“¿Entonces lo harás?”
—“Me gustaría decir que no, pero ese será mi regalo de Navidad: beber, esnifar y sexo desenfrenado”.
—“Sabes que luego vienen las consecuencias”.
—“Sí, pero vale la pena un día darse un festín”.
—“¿Cuándo tienes cita con tu psicóloga?”
—“No lo sé y no me importa. La decisión ya está tomada. Nos vemos en las próximas semanas; empiezo de cero el año que viene”.
En consulta, este tipo de situaciones son frecuentes. Los pacientes se sienten sobreestimulados y desean volver a experimentar ese placer; quieren sentirse parte del grupo, de esa presión social. Desde este lado de la mesa, entendemos que las recaídas son parte del proceso.
Pedir ayuda a tiempo es fundamental, pero, sobre todo, respetemos los procesos de cada persona.
No fomentemos el consumo solo porque es Navidad; lo que puede parecer una celebración inofensiva podría convertirse en años de consumo y en pérdidas significativas del esfuerzo terapéutico.
Ponerse en el lugar del otro antes de juzgar.
No hay peor impulso que escuchar “no hagas tal cosa”, pues eso puede generar un deseo irrefrenable de hacerlo.
Acompañar a un adicto en estas fechas es fundamental, pero hacerlo desde el respeto hacia su proceso es el mejor regalo que podemos ofrecerle.
Felices fiestas
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