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«Compromiso y lucha: más allá de la crítica vacía»

Escribe Nelson Del Pozo G

04/03/2025

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Zürich | Suiza

— Durante los procesos de asociación, reunión, organización y confraternidad, he huido de los grupos de élite y de los espacios destinados a la exclusión, la catarsis y la adulación mutua entre sus miembros. Soy una persona acostumbrada a cuestiones más mundanas. Me gusta la política, sí, pero no solo para ejercer una crítica distante, sino para involucrarme en ella y participar activamente en la lucha por el poder.

Puedo equivocarme, y lo hago con frecuencia, pero lo que nunca haré es situarme en los extremos de la vía, observar cómo los demás desfilan con su cruz sobre los hombros y vanagloriarme en la crítica sin sentido ni en la indiferencia. La revolución es pensamiento consciente y acción incondicional. Es la voluntad de construir, junto a otros y otras, un presente y un futuro para el bien común.

Ahora, al ver a quienes han leído este escrito hasta el final, pienso que podría adivinar a los primeros que, al hacerlo, sintieron identidad, emoción y esa sonrisa cómplice que surge al recordar historias construidas junto a personas inolvidables, aquellas que en algún momento quisiéramos que volvieran a aparecer en nuestras vidas.

Vivimos tiempos demasiado complejos e impredecibles, y lo más lamentable: destructivos, mortales para el ser humano y la biodiversidad que nos acoge. Sobrevivimos a una era de incivilización caracterizada por múltiples crisis.

Crisis moral: afecta al liderazgo político, religioso, empresarial, militar y judicial. Incluso la escuela, como pilar formativo, ha cedido ante el dinero y el poder malditos. La institucionalidad, que debería proteger a la sociedad y blindar la democracia, se ha visto corrompida.

Crisis ambiental y cambio climático: generados por las contradicciones y desacuerdos de quienes, en su afán de poder y lucro, han puesto en peligro la sostenibilidad del planeta.

Crisis sanitaria: muchos sobrevivimos a la pandemia de COVID-19, pero no sin secuelas. El distanciamiento, el encierro, el miedo y las pérdidas humanas nos dejaron cicatrices que aún no terminamos de sanar.

Crisis geopolítica: sin perder tiempo, los sectores oligárquicos y corruptos nos arrastraron a una brutal confrontación bélica entre EE.UU., la OTAN y Rusia por el territorio ucraniano. A pesar del tiempo transcurrido y de las señales de quiénes son los vencedores y los vencidos, el conflicto sigue teniendo consecuencias impredecibles.

A veces, el camino es largo y nos embarga el desaliento. La fe se tambalea, la conciencia se debilita, la firmeza flaquea, y nos asalta la tentación de rendirnos, de asumir la moraleja del avestruz y esconder la cabeza ante el peligro.

Por eso, en honor a los seres humanos que la historia, la tradición o nuestras propias experiencias nos han enseñado a admirar—héroes y heroínas de la patria, ejemplos de fe y lucha, familiares o amigos que se fueron, o aquellos que resisten contra quienes perpetúan la miseria—les invito a reflexionar y actuar.

Si este mensaje resonó contigo, si sientes que la lucha por un mundo más justo y equitativo sigue siendo necesaria, si crees que aún hay razones para no claudicar, entonces sigamos adelante. Yo sigo por ti y por los que van conmigo.

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